Ayuntamiento de Villanueva de los Infantes

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La mejor huella histórica de la ciudad de Villanueva de los Infantes se encuentra en sus campos. La existencia de decenas de yacimientos –algunos de ellos parcialmente excavados y visitables–, la deforestación y los campos sobreexplotados muestran la larga presencia humana en la zona, en especial al Sur de la localidad, en la cuenca alta del Jabalón.

La presencia de grupos paleolíticos está atestiguada en los interesantes restos de industria lítica en cuarcita hallados en yacimientos como “Los Pizorros” (Paleolítico Medio), en el área del santuario de la Virgen de la Antigua.

Durante la Edad del Cobre o Calcolítico (2.500 a.C.) esta área será una de las más ricas del interior peninsular. Los estudios o excavaciones de una veintena de poblados en las colinas y llanuras del valle aportan numerosos testimonios de útiles de sílex, ámbar, marfil y cerámicas que muestran procesos de jerarquización y control entre los habitantes y asentamientos de la zona. Ejemplo de ello son yacimientos como “El Toril” y “El Castellón/Castillón”. Durante la Edad del Bronce (1.400 a.C.) el patrón de poblamiento en altura será similar al de los asentamientos prehistóricos anteriores, tal como evidencia el “Cerro de los Conejos”. Unos y otros muestran la relevancia de controlar el valle del río Jabalón por sus recursos hídricos pero también como vía de comunicación Este-Oeste –entre Levante y Extremadura– y Norte-Sur, puesto que el Campo de Montiel es el paso natural hacia el Alto Guadalquivir entre la sierras de Alcaraz y Segura y Sierra Morena.

Avanzando en el tiempo, entre mediados y finales del primer milenio a.C., la Edad del Hierro se manifestará en esta zona asociada al mundo oretano, el cual ocupa buena parte de la provincia del Sur de Castilla-La Mancha y Norte de Jaén. Aunque escasamente estudiados, los oretanos se asentarán aquí en poblados fortificados en altura y en pequeñas explotaciones en llano, todos influenciados por otras grandes ciudades –oppida– de la zona como el “Cerro de las Cabezas” de Valdepeñas, Laminium (Alhambra) o Mentesa Oretanorum (Villanueva de la Fuente).

La importancia de esta zona como área de comunicación entre la Meseta y Andalucía tendrá su reflejo en época romana, cuando será atravesada por una de sus principales vías, la conocida como vía 30 del Itinerario de Antonino que unía la mencionada Laminium con Cástulo (Linares, Jaén). Además de algún resto de calzada, testimonio de ello serán las fases más antiguas del “Puente de Triviño”. En torno a esta ruta –y dedicadas a la explotación agropecuaria– se instalarán numerosas villas romanas al menos hasta el siglo IV d.C.

La Tardoantigüedad y mundo musulmán son poco conocidos pero será la Reconquista y Repoblación cuando comenzarán a aparecer en torno al actual Villanueva de los Infantes varios núcleos asociados al poderío militar y repoblador de la Orden de Santiago. Sobre el antes mencionado “cerro Castillón” se instalará el “castillo de Pennaflor”, una aldea fortificada en altura, y, en pleno valle, se construirá con un verdadero programa monumental el edificio columnado de Jamila (yacimientos en excavación). Ambos dos constituirán una avanzadilla cristiana dentro del territorio musulmán controlado desde Montiel y ellos, entre otros, serán después, a la caída de la plaza montieleña, lugares disputados por la orden santiaguista, el arzobispado de Toledo y el concejo de Alzaraz tal y como muestran los “pleitos de Alcaraz” a mediados del siglo XIII.

Aunque sin una cronología y función clara, otros testimonios también se asocian a esta época, como ocurre en el caso de “La Mora” y “La Moralexa”: un paraje situado a 500 m. al poniente de Infantes donde se conserva un “templete” o “ermita” declarado Bien de Interés Cultural. No en vano, bien sea por el hecho de estar excavada en roca, por su difícil acceso o bien por las leyendas que versan sobre el lugar en la noche de San Juan, se trata de un lugar cargado de cierto sabor mágico.

Lo cierto es que acabado el panorama bélico en el valle del Jabalón tanto Jamila como Peñaflor fueron progresivamente abandonados hacia el siglo XIV para encumbrar al actual núcleo de Villanueva de los Infantes hasta quedar reducidas éstas a meras canteras o espacios de cultivo. Con esta marcha, se trasladaba a los llanos más septentrionales siglos de poblamiento antes y después de Cristo en el valle del Jabalón y se dejaba sólo como testimonio de ello el actual Santuario de Ntra. Sra. de la Antigua.

Yacimiento arqueológico de Jamila

Yacimiento en una pequeña meseta sobre el río Jabalón que al menos tuvo tres grandes fases. La más llamativa es un gran edificio de planta rectangular (55x35 m aprox.) orientado al Este y compuesto por un gran espacio principal y una nave lateral alargada de época medieval (siglo XIII). Este espacio –de unos 460 m2– está recorrido por 14 grandes columnas cilíndricas centrales y sólo era accesible desde el interior. Todo parece indicar que la columnata se encontraba parcialmente descubierta, a modo de patio porticado. Las excavaciones del espacio central no han podido determinar todavía su configuración original, puesto que se trata del área más alterada y reutilizada del yacimiento.

Aunque las leyendas locales sitúan en este lugar una aldea, que fue abandonada, según la fuente, por insalubre o por un suceso tipo Fuenteovejuna, arqueológicamente lo que se detecta es que el final de este edificio fue trágico y violento, concretamente por un incendio, probablemente provocado, que devastó cuanto menos toda el área columnada. También, gracias a las decoraciones arquitectónicas y a un fragmento de campana in situ, así como a la mención a una “Ntra. Sra. de Jamila”, es posible asociar el edificio columnado al significado mismo del topónimo Jamila –belleza, hermosura femenina– a un culto mariano medieval, posiblemente de Repoblación.

Posteriormente, en esta zona se levantó una unidad doméstica a modo de cortijada en la que se reutilizaron numerosos sillares y tambores de columnas de la “fase monumental”.

Una tercera fase remonta el primer asentamiento en el lugar al mundo ibérico a juzgar por la existencia de cerámicas de esta época en un enorme silo/pozo circular situado en la zona Oeste.

Dirección: Carreterín de la Virgen

Localización

Puente de Triviño

Es un viaducto de más de 100x5 m construido con sillares de arenisca y pavimento de guijarro que materializó en época romana y moderna (siglo XVIII) el recorrido por este punto de una ruta utilizada desde época prehistórica. En concreto, sus grandes dimensiones responden a sucesivas ampliaciones para salvar los bandazos del río Jabalón, puesto que éste se encuentra en la mitad de un valle de unos dos kilómetros de anchura. En última instancia este recuerdo de ruta principal se mantuvo con el paso hasta mediados del siglo XX. Por aquí también el paso de una vía pecuaria llevaba a “los serranos” turolenses y conquenses hacia las faldas de Sierra Morena.

El origen de la obra se halla, al Sur, en un puente de un ojo central con dos aliviaderos de época romana. Esta cronología se aprecia en el sistema constructivo y se enmarca dentro de la importante ruta entre la Meseta y la Bética: el trayecto entre Laminium-Alhambra y Mariana (en las proximidades de Puebla del Príncipe), hasta Cástulo-Linares (Jaén). Debido probablemente a la deforestación de la zona, el valle del río Jabalón se convirtió en una zona palustre que impedía el paso de personas y animales, en especial en época de lluvias. La sedimentación de los ojos y el desmadre del río, unido al reformismo borbónico, movió a la gran mejora de 1786 bajo el reinado de Carlos III: se construyeron dos ojos en la zona Norte y un aliviadero intermedio, todos unidos mediante el actual dique elevado sobre el nivel del suelo.

Desde el siglo XVIII y tras el trazado paralelo de la nueva carretera a principios del siglo XX, el río siguió moviéndose hasta colapsar de nuevo el puente y sepultarlo. A finales del siglo el río fue encauzado artificialmente y ya con el nuevo siglo XXI se inició su excavación arqueológica.

Dirección: Carretera de Almedina

Localización

La Mora

Suave loma en un entorno de fáciles recursos acuáticos cuyo paraje estuvo ya habitado hace más de 4.000 años, en las fases calcolíticas, la Edad del Bronce. Pero, si por algo destaca La Mora es por una cavidad de cronología desconocida tallada frontalmente en roca a modo de “templete” o “ermita”. Se trata de un espacio de unos 1,5x1,3 m y cerrado a una altura de 1,70 m mediante una bóveda de cañón. El acceso a la misma es dificultoso, pues se eleva a 1,5 m. del suelo debido, con toda seguridad a su antigüedad y a la erosión de la ladera. El interior está presidido por un pequeño altar y una hornacina, lo cual ha llevado a considerar popularmente que era un pequeño eremitorio de origen mozárabe donde se veneraría alguna pequeña imagen. Quizás asociado al lugar de La Moralexa, la aldea que fue geográfica y poblacionalmente germen de Villanueva de los Infantes. La construcción está declarada Bien de Interés Cultural.

Pero dicho lugar de La Mora también ocupa un importante lugar en el imaginario colectivo infanteño, pues también se ubica allí “El Trono” o “Caseta del Diablo”, todo un mito ancestral asociado a leyendas de aparecidas en la noche de San Juan.

Dirección: Camino de Jesús en Pie

Localización

El Cerro Castillón-Peñaflor

El cerro Castillón es un espolón amesetado sobre el valle del río Jabalón, entre las carreteras de Montiel y Almedina, a unos tres kilómetros al Sur de Villanueva de los Infantes. Este cerro tiene pendientes pronunciadas en sus lados Sur y Oeste, mientras por el Este se unía a una suave colina. El yacimiento tiene dos fases claramente diferenciadas: una calcolítica y otra medieval.

La primera destaca por ser el Castillón un punto importante dentro de las rutas de la Edad del Cobre (2500-1800 a.C. aprox.), siendo, posiblemente, uno de los yacimientos que mayor cantidad de cerámica decorada de estilo campaniforme ha aportado en comparación al resto de los que se encuentran en la región castellano-manchega. Otros elementos, como un botón de marfil con perforación en V, industria lítica avanzada (dientes de hoz, perforadores, puntas de flecha…) o pequeñas hachitas, son propios de esta primera Edad de los Metales y ponen de manifiesto la existencia aquí de un núcleo con una sociedad lo suficientemente jerarquizada como para poder ostentar tales elementos de prestigio y lujo, dado que, al no ser propios de esta tierra, sólo podrían conseguirse mediante intercambios a media y larga distancia.

La segunda gran etapa es la que corresponde al denominado tradicionalmente como “Castillo de Peñaflor” y se ubica en torno al siglo XIII. Pero más que un castillo, en verdad fue una aldea fortificada. A mediados del siglo XIX, las crónicas todavía nos hablaban del paraje de Peñaflor como uno de los asentamientos medievales del alto valle del río Jabalón, que aportó, –junto a los de Xamila–, gran parte de los habitantes del lugar de la Moralexa, el germen de la actual Villanueva de los Infantes.

La realidad de Peñaflor y de otras aldeas medievales viene atestiguada por su aparición en diversos textos desde principios del siglo XIII, como la cesión en 1232 de la Orden de Santiago de “la mitad de Peñaflor, pobla que se halla en el término de Montiel” a “don García Pérez, alcalde del rey”, o los que indican su pertenencia, paradójicamente, a la encomienda de Carrizosa. La aldea sufrió distintos abandonos y todavía a principios del siglo XVI Hernando Colón cita al castillo de Peñaflor a un cuarto de legua de Infantes. En 2004 se confirmó la presencia de un cementerio de Repoblación que se correspondería con la iglesia que ya se menciona para este lugar al menos desde 1238. Así se ha reafirmado en posteriores excavaciones, como la llevada a cabo en 2013, ante el peligro de deterioro que sufren los restos.

Dirección: Carretera de Montiel

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